El arco y la lira

 

Octavio Paz (1914-1998)

Escribir, quizá, no tiene más justificación que tratar de contestar a esa pregunta que un día nos hicimos y que, hasta no recibir respuesta, no cesa de aguijonearnos.

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Los libros me hicieron claro lo que me parecía oscuro, transparente lo opaco, fácil y bien ordenado lo selvático y enmarañado, en un palabra: me iluminaron.

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La respuesta cambiar porque la pregunta cambia.

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La poesía revela este mundo; crea otro. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia; el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Locura, éxtasis, logos. Lengua de los escogidos, palabra del solitario. El poema es una careta que oculta el vacío.

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Clasificar no es entender.

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Palabras, seres equívocos.

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El hombre es un ser de palabras. La palabra es el hombre mismo. Estamos hechos de palabras. No podemos escapar del lenguaje.

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Hechas de materia inflamable, las palabras se incendian apenas las roza la imaginación o la fantasía.

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 La poesía vive en las capas más profundas del ser.

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El poema nos revela lo que somos y nos invita a ser eso que somos.

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 Despojos de palabras, fragmentos de verdades, reino de hombres huecos.

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 Reaparecen, desgastados, sin perfiles, flotando a la deriva sobre un agua gris.

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Todo ajeno a él y él en nada se reconoce.

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Recojo citas como alguien que recoge reliquias de un naufragio.

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El hombre es tiempo, Perpetuo movimiento.

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Has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo.

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Nos hemos alejado de nosotros mismos al perdernos en el mundo.

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El aprendizaje no consiste en la acumulación de conocimientos, sino en la afinación del espíritu.

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Aquel que conoce, no habla.

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El hombre no es nunca idéntico a sí mismo.

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Un instante que es todos los instantes.

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Tiempo y espacio, sentimientos y pensamientos, juicios y actos, ayer y mañana, aquí y allá, náusea y delicia. Todo es hoy.

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Todos estamos solos, porque todos somos dos. El extraño, el otro, es nuestro doble. Una y otra vez intentamos asirlo. Una y otra vez se nos escapa.

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Nada podemos decir sobre nosotros, nada sobre el mundo, porque nada somos.

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El ser no es algo dado, sobre lo cual se apoya nuestro existir, sino algo que se hace.

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El hombre sin cesar avanza y cae, y a cada paso es otro y él mismo.

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Nunca podré ser uno con las palabras, uno con el mundo, uno conmigo.

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Los caminos que conducen a tu silencio.

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El poeta es un ser aparte, un heterodoxo por fatalidad congénita. Siempre dice «otra cosa», incluso cuando dice las mismas cosas que el resto de los hombres.

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Más allá, a otras tierras, a otros cielos, a otras verdades.

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La escasez de palabras es hija de la penuria intelectual.

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Hombre, ser por esencia cambio, perpetuo llegar a ser que jamás se alcanza a sí mismo y que cesa de transformarse solo para morir.

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Menos que todo no puede satisfacer al hombre.

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Las preguntas de un poeta nunca obtienen respuesta.

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Vamos de ningún lado a ninguna parte. Estamos condenados a buscar la razón de la sinrazón.

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Somos otros sin dejar de ser lo que somos. Sin cesar de estar en donde estamos. Nuestro verdadero ser está en otra parte.

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El hombre es apetito perpetuo de ser otro. El hombre es lo inacabado.

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El tiempo que a todos nos deshace.

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Perpetuo desgarramiento del ser, siempre separado de sí, siempre en busca de sí.

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