Kala y su regalo

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Kala cumple hoy un año y uno de sus regalos ha sido el libro “Martes de cuento. Pasaje a isla imaginada“.
Después de leerlo con mucha atención e interés, me ha mirado y me ha dicho «¡¡Guauuuuuuu!!»

Y es que a ella, todo lo que yo hago le parece perfecto y cree que soy la persona más especial, más lista, más amable, más buena del mundo… Bueno, casi, J. es su verdadero ídolo, no nos engañemos. Si él le dice ven, lo deja todo, incluso a mí.

Tras once meses de convivir con ella —llegó a casa el 11 de julio de 2015—, puedo asegurar que, a pesar de tenerla que sacar tres veces al día, a veces sin ganas porque hace frío, calor, o simplemente, porque estamos ante el ordenador, leyendo, tomando el sol, escuchando música o haciendo vete tú a saber qué… A pesar de que se ha comido toda la instalación eléctrica de la terraza, dos desagües de plástico (uno ayer mismo), ha roto uno de mis muñecos preferidos y mil cosas más, el suelo de parqué está menos brillante y limpio que antes, la alfombra está para tirar, ladra a los vecinos cuando la dejamos sola, hay un exceso de pelo negro en la bolsa del aspirador… A pesar de que más de una vez se ha llevado un zapatillazo mientras salía corriendo con un calcetín, un pañuelo o cualquier otro tesoro en la boca… A pesar de que cada mañana, a las 6 en punto, empieza a lloriquear, poniendo su carita sobre la cama para pedir que la saquemos a la calle…

A pesar de todo eso y mil cosas más que me sacan de quicio, ¡la adoro! y una y mil veces la volvería a traer a casa. Todo, absolutamente todo, lo compensa su mirada, sus lametazos, sus alegres saludos cuando llego del trabajo, su caída de ojitos de vedette de revista que miran y deshacen, su complejo de perrita faldera de 22 kilos haciéndose un ovillo en mi falda…

Por todo eso, Kala, gracias y ¡feliz cumpleaños!

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