Ausencia

NEH

Fueron días terribles aquellos. Días sin luz y sin esperanza. Cuando hasta las paredes de casa parecía que lloraban y los relojes no se atrevían a sonar por no romper aquel lúgubre silencio.

La vela amarilla se fue deshaciendo sobre el plato, esparciendo su rancio y viejo aroma de cera. Viejo como mi dolor. Viejo como mi ira. Rancio como mi pena.

Los vestidos, colgados en las perchas, esperaron inmóviles tu regreso durante un tiempo, ignorantes de que tu ausencia los condenaba para siempre al vacío.

Después, abrí ventanas y armarios para que el aire gélido congelara los sentimientos que aún latían.

Ya han pasado muchos años, pero incluso ahora, me acechan recuerdos desde los oscuros rincones que una vez alojaron tus secretos. Trozos de ti agazapados en olvidados cajones, bajo sábanas de bordadas iniciales. En el escalón del porche donde veíamos anochecer y en el olivo de detrás de la casa… y en estas manos, que aún acarician tu perdida silueta en el aire vacío.

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11 Respuestas a “Ausencia

    • Espero hacerte reír alguna vez 😉 ¡Dicen que es más difícil! Un abrazo Toni. Gracias por estar cerca.

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  1. Qué bien has reflejado la ausencia de alguien querido. La ropa colgada en las perchas, los objetos que aparecen en los cajones aún después de mucho tiempo. Melancólico, sí, pero muy bonito. Te prodigas poco.

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  2. Intentaré que lo sea. Me lo pones difícil… 🙂 Una pérdida, del tipo que sea, cuesta mucho superarla, sobre todo si no es deseada. Me ha llegado su melancolía, la ha compartido conmigo… Me ha encantado.

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