Procaz

Quiero que mi alma sea la de la Magdalena.

Repartida. Promiscua. Procaz.

Te daría citas por teléfono o por mail

(¡la tecnología ha avanzado tanto!)

Eso sí, no más de una al día.

Me emborracharía, en cada fugaz

encuentro, con gotas de ternura

y una interminable charla

(agítese bien antes de servir).

Te ofrecería placeres exóticos

que nunca has soñado:

poemas, canciones, algún cuadro y

dos o tres miradas de esas que deshacen

(deberé ensayar ante el espejo).

Te regalaría dulces sonrisas,

millones de besos,

enardecidas caricias

y dos lágrimas en la despedida

(para que volvieras).

Te cobraría sin que te dieras cuenta:

paseo con café incluido,

entradas para el museo,

una noche en la ópera,

promesas de amor eterno

para mi catálogo de nuncas,

y un verso en el que

me juraras que soy irrepetible.

Pero si huyes lo comprenderé;

enamorarse es muy contagioso

y, a veces, no tiene remedio.

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2 Respuestas a “Procaz

  1. Procaz y generosamente eogista; amor que, de algún modo, siempre se va, y por eso, siendo inevitable, es imprescindible entenderlo cuando ya no está

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