Meta imposible

Onofre Castells

 

Estoy habituado a verte, a escucharte, a hablarte, a tocarte… a sentirte, pero sé que no te conozco del todo. Solo puedo vislumbrar por medio de mis sentidos y mi razonamiento cierta forma, pero hay tanta oscuridad… demasiada. Sé que se trata de una tarea imposible dar luz a todas esas sombras en las que se oculta tu verdadero ser, pero no ceso en mi intento puesto que no necesito esperanza para ello. La mano del hábito es una mano ciertamente diestra, pues cree dibujar un fiel retrato, pero se engaña habida cuenta de que solo bosqueja una apariencia errónea, una perspectiva demasiado distorsionada a lo largo del espeso tiempo.

Así como el hábito de pensarte es también el hábito de caer permanente en el error, del mismo modo una suma infinita de instantes pensados abre un abismo entre lo que creo saber de ti y lo que eres en sí. Dices que llegas a mi ser, sí, es verdad, pero te respondo que quien llega no eres tú. Por constitución y aniquilación de conceptos te construyo y te destruyo sin cesar, sin esperanza, siempre con la misma meta imposible que no es otra que la de ser un dios para poderte conocer enteramente, en tu totalidad.

 

 

 

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