Bouvard y Pécuchet

 

Gustave Flaubert  (1821-1880)

Un convencido dogmatismo lleva a creer que la felicidad del hombre estriba en una perenne búsqueda científica, la cual conducirá al estudio de la agricultura, la química, la medicina, la astronomía, la geología, la arqueología, la literatura, la gramática, la sintaxis, las religiones antiguas, la historia, el espiritismo, el cristianismo, la filosofía, la pedagogía… Todo ello realizado en varias décadas de vida y evolucionando paulatinamente desde el dogmatismo inicial hasta un escepticismo que pone al borde del suicidio, al mismo tiempo que despierta en los conocidos y vecinos encontrados sentimientos de asombro ante tanta búsqueda febril que no termina nunca de dar los resultados que cualquiera hubiera esperado después de tantos esfuerzos. En la mayoría de las acciones emprendidas, es dado advertir un aspecto teórico y otro práctico, en donde  el denominador común sería el fracaso. Esa ingenua búsqueda frenética expresa la profunda decepción ante el problema del conocimiento. Todo lo estudiado hasta ese momento, solo ha servido para demostrar que el conocimiento es imposible. Ni siquiera la opción socrática de “Solo sé que no sé nada” consuela.

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